Energía eólica

Energía eólica

Energía Eólica

Desde hace más de dos mil años, los griegos vieron en el viento una forma de hacer más sencillas sus labores domésticas y comerciales. El ingeniero griego Herón de Alexandría tiene el crédito por el primer diseño registrado de un molino de viento, el cual consistía en un par de aspas o velas de tela eran empujadas por el viento que circulaba a sus alrededores y estas a su vez, a través de engranes de madera, hacían rotar las piedras de un molino.

Fue así como el hombre descubrió que había una fuerza la cual aún no había comprendido del todo pero que podía usar para su ventaja, que no provenía del movimiento del agua o de la potencia de sus animales, sino del viento que soplaba en sus valles y montañas: la energía eólica.

Ha pasado ya algún tiempo desde que Herón y los griegos pusieron en funcionamiento sus molinos, sin embargo durante casi dos mil años su diseño no cambió demasiado y sus usos hasta el siglo diecinueve fue un tanto limitado: los iraníes usaron molinos con velas en el siglo siete para moler granos y cañas de azúcar; los ingleses en el siglo once los utilizaron con aspas fabricadas con grandes troncos de madera para la molienda y los holandeses los utilizaron en el siglo XIV para drenar áreas cercanas a sus ríos con mayor afluencia.

No fue hasta el siglo XIX, con la revolución industrial y la invención de la electricidad y con ello la aparición de aparatos eléctricos y la creciente necesidad de la cómoda energía eléctrica que el inventor americano Charles F. Brush diseñó y construyó el primer generador eólico automático, es decir, el primer aparato que era capaz de captar la energía eólica y convertirla en energía eléctrica sin ayuda de otros aparatos.

A pesar de que el invento de Brush fue muy innovador para su época, poca atención se le puso a la energía eólica después de que aparecieron los generadores que funcionan a base de hidrocarburos o combustibles como madera y es que la energía que se captaba del viento presentaba dos grandes inconvenientes: la poca eficiencia de los generadores eólicos y la intermitencia del viento.

Un generador es cualquier aparato que es capaz de convertir algún tipo de energía de entrada en energía eléctrica, es decir, en una corriente eléctrica y sucedía que los generadores que funcionaban a base de alguna clase de energía química (aceite, madera, carbón) eran mucho más eficientes en esta conversión a energía eléctrica que sus contrapartes que funcionaban a base del viento, en otras palabras, se producía más energía con un poco de carbón en un generador relativamente pequeño que en un generador eólico gigantesco en un día entero.

Además de esto, al poco tiempo de esta invención que convertía la velocidad del viento y electrificaba sus hogares, los constructores e ingenieros de la época se percataron de la poca confiabilidad que tenía dicho aparato pues dependía totalmente de la intensidad y la presencia de algún tipo de corriente para funcionar, misma que varía durante el día y durante las distintas temporadas del año, por lo cual la tecnología cayó en desuso.

En esos momentos, en donde el fin justificaba los medios, en donde la carrera era por construir y generar más y a mayor velocidad sin importar las implicaciones y consecuencias que pudiera traer el abuso de los hidrocarburos y otros combustibles, los ingenieros no se percataron, o peor aún, ignoraron la gran virtud que tiene la energía eólica: su limpieza.

Todo continuó igual hasta mediados de los años setenta del siglo pasado, cuando alrededor de todo el mundo comenzaron a haber protestas por la gran contaminación que causaban las centrales eléctricas que utilizaban combustibles fósiles para operar y acerca de la obvia peligrosidad que implicaba el utilizar la energía nuclear para generar electricidad.

En ese momento, los mecánicos e ingenieros volvieron la mirada hacia ideas que habían estado en el fondo de un cajón empolvado de sus escritorios: las energías renovables.

Hacia finales de esa década, en países como Dinamarca, Alemania y España, se presionó a los gobiernos para que aprobaran regulaciones que apoyaran a la industria de la energía renovable y comenzó la construcción de parques eólicos en distintas partes de Europa y Estados Unidos y con ello se logró la reintroducción de la energía eólica como generadora de electricidad.

Con el tiempo los parques eólicos, terrenos con vientos de buena velocidad en los cuales se instalan una o más turbinas eólicas, fueron creciendo tanto en potencia como en magnitud a tal grado que a inicios de los años noventa, Dinamarca construyó el primer parque eólico en altamar. Los daneses se dieron cuenta que hay vientos más fuertes disponibles en altamar que en tierra y a pesar de que su construcción es un tanto más costosa, el aumento de producción en contraste con los parques en tierra firme nivela la razón de costo-beneficio

Hoy en día, la generalidad de los parques eólicos cuenta con turbinas instaladas entre los ochenta y los ciento cuarenta metros de altura. En 1996 había un total de 6.1 giga watts instalados a nivel mundial, al 2014 había 397 giga watts instalados, lo cual representa un crecimiento de más del 6000% indicando que el sector claramente está creciendo. En el 2014, los cinco países con mayor producción eólica (China, EUA, Alemania, España e India), aportaban más del 70% a dicha producción y Dinamarca generaba el 39% de su consumo eléctrico total con turbinas eólicas.

En nuestro país, hay cerca de 2.5GW instalados pero se espera que dentro de seis años esta cifra aumente a 15GW, el 40% de la energía renovable generada en México es producida en los 31 parques eólicos mexicanos, y se estima que esto es suficiente para energizar todas las casas en los estados de Campeche y Colima a la vez.

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